2. Correlación y diversificación: por qué juntar activos que se mueven distinto reduce el riesgo
Teoría 4: Riesgo, rentabilidad y diversificación
Juntas varios activos arriesgados en una cartera y el riesgo del conjunto sale menor que el promedio del riesgo de cada uno por separado. No es un truco contable. Es matemática.
Medir la volatilidad de un activo aislado, como hicimos en el módulo anterior, es solo la mitad de la historia. La otra mitad es la correlación: cómo se mueven dos o más activos en relación entre sí.
Es también lo que explica por qué existe algo llamado "cartera", en vez de simplemente elegir el mejor activo individual.
Un número entre -1 y +1
La correlación se mide con un número entre -1 y +1. Los tres puntos de referencia son estos:
- Correlación de +1: dos activos se mueven exactamente en la misma dirección y con la misma intensidad relativa, siempre. Si uno sube un 2%, el otro también, de forma perfectamente proporcional.
- Correlación de -1: el extremo opuesto. Cuando uno sube, el otro baja, también de forma perfectamente proporcional.
- Correlación de 0: no hay ninguna relación lineal detectable entre sus movimientos. Conocer lo que hizo uno no te dice nada sobre lo que hizo el otro.
En la práctica, casi ninguna pareja de activos reales muestra correlaciones exactamente en estos extremos. La mayoría se mueve en algún punto intermedio, con más o menos relación según el periodo analizado.
La idea que le valió un Nobel a Markowitz
Aquí aparece la idea central de la diversificación, formalizada por primera vez por Harry Markowitz a mediados del siglo XX, y que le valió el Premio Nobel de Economía.
Combina en una cartera activos que no estén perfectamente correlacionados entre sí. El riesgo total de esa cartera —medido, de nuevo, como desviación estándar— puede ser menor que el promedio ponderado del riesgo de cada activo individual por separado.
Esto no es un truco contable ni una casualidad. Es una consecuencia matemática directa: cuando un activo cae, otro con correlación baja o negativa tiende a compensar parte de esa caída, suavizando el movimiento conjunto de la cartera.
De ahí se sigue la regla práctica. Cuanto más baja, o más negativa, sea la correlación entre los activos combinados, mayor es el beneficio de diversificación obtenido, en igualdad de condiciones.
Diversificar no es acumular posiciones
Esto explica por qué "diversificar" no significa simplemente "tener muchas posiciones distintas".
Tener 30 acciones tecnológicas de crecimiento distintas no diversifica gran cosa el riesgo real. Todas tienden a moverse en la misma dirección ante los mismos factores: tipos de interés, sentimiento hacia el sector tecnológico, ciclo económico general. Su correlación entre sí suele ser alta.
Suele generar un beneficio de diversificación mucho mayor combinar cosas que responden a motores distintos:
- Acciones de sectores distintos.
- Bonos de distinta duración.
- Algo de materias primas.
- Y, según el perfil de riesgo, algo de liquidez en efectivo.
Ese conjunto diversifica más que simplemente multiplicar el número de acciones parecidas entre sí, aunque el número total de posiciones sea menor.
El problema: la correlación se mueve
Es fundamental, además, saber que la correlación no es una constante fija en el tiempo. Tiende a cambiar según el régimen de mercado, y con una tendencia particularmente incómoda.
Muchos activos que muestran correlaciones bajas o incluso negativas en periodos normales tienden a converger hacia correlaciones mucho más altas durante crisis severas. Es decir, precisamente cuando más se necesita que la diversificación funcione.
Este fenómeno se resume a veces así: "en una crisis, todas las correlaciones tienden a uno".
No invalida el valor de diversificar. En la mayoría de los periodos, y a largo plazo, sigue funcionando razonablemente bien. Pero sí es una advertencia seria contra la complacencia de creer que una cartera "diversificada" está protegida en cualquier escenario, incluidos los más extremos.
Lo que la diversificación no puede hacer
La diversificación no elimina el riesgo: lo transforma.
Reduce, a veces de forma sustancial, el riesgo específico de cada activo individual: el riesgo de que a una empresa concreta le vaya mal por sus propios motivos.
No elimina el riesgo sistemático o de mercado: el que afecta simultáneamente a la práctica totalidad de los activos cuando la economía en su conjunto atraviesa una crisis severa.
Entender esta distinción entre riesgo específico (diversificable) y riesgo sistemático (no diversificable) es la base sobre la que se construye, en el siguiente módulo, la idea de rentabilidad ajustada al riesgo.
Para ampliar esta lección
- Ratio de Sharpeen el glosario
- Ratio de Sharpe, caída máxima y CAGR: qué midenguía