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3. Concentración que no se ve en la cartera

Riesgo 7: El riesgo que no está en los precios

El nivel 2 enseñaba a descontar tamaño cuando varias apuestas son, en el fondo, la misma, y el nivel 5 llevó esa idea a la cartera entera: diversificar es repartir riesgo, no posiciones. Este módulo mira una capa distinta. Las concentraciones de las que se ocupa no aparecen en ninguna matriz de correlaciones porque no son activos. Son la estructura que rodea a la cartera: por dónde pasa, en qué moneda está denominada, bajo qué leyes, con qué información se decide y de qué depende la nómina de quien la gestiona.

Un solo intermediario

Puedes tener veinte fondos, cinco regiones, cuatro clases de activo y un solo punto de fallo. Si todo pasa por un bróker, cualquier suceso que afecte a esa entidad afecta al cien por cien de tu patrimonio a la vez: un concurso, un bloqueo temporal de la operativa, un problema informático de varios días, un cambio de política que te obligue a traspasar todo, un error administrativo que congele tu cuenta mientras se aclara.

No es un argumento para dispersarse en seis entidades. Es un argumento para que la pregunta se haga de forma explícita, con un umbral en euros: por encima de cierta cantidad, un segundo intermediario deja de ser una molestia y pasa a ser una decisión de riesgo, exactamente igual que el tamaño máximo de una posición.

Una sola divisa

Un inversor de la zona euro que compra un indexado al mercado estadounidense sin cobertura tiene dos apuestas y suele contar una. Si el índice sube un 10% y el dólar se deprecia un 12% frente al euro, su resultado en euros es negativo pese a haber acertado el mercado.

La cuestión no es si conviene cubrir la divisa, que depende del horizonte y del activo. La cuestión es que la exposición existe aunque no la hayas elegido y aunque tu bróker te muestre la rentabilidad en la moneda del producto.

El recordatorio de hasta dónde llega ese riesgo es del 15 de enero de 2015. El Banco Nacional de Suiza retiró sin previo aviso el suelo de 1,20 francos por euro que sostenía desde 2011. El euro llegó a perder alrededor de un 30% frente al franco durante la sesión, antes de estabilizarse en una caída algo menor al cierre. Un bróker minorista británico, Alpari UK, entró en insolvencia en cuestión de horas, y otro cotizado en Estados Unidos, FXCM, necesitó un préstamo de rescate de unos 300 millones de dólares para seguir abierto. Una divisa considerada aburrida se movió en un día lo que una bolsa en una crisis entera.

Un solo país, en el sentido jurídico y fiscal

Tener la cartera en un único país no es solo una apuesta de mercado. Arrastra un paquete completo: régimen fiscal de las plusvalías, retenciones en origen sobre dividendos, obligaciones de información, tratamiento sucesorio y la posibilidad de que cualquiera de esas piezas cambie por una ley que se aprueba sin que nadie te pregunte.

El ejemplo más concreto y el peor entendido es el sucesorio. Un residente en España que compra acciones y fondos cotizados domiciliados en Estados Unidos está adquiriendo activos que, a efectos de sucesión, se consideran situados allí, con un mínimo exento muy reducido para no residentes salvo que exista convenio aplicable. La misma exposición al mismo índice comprada mediante un producto domiciliado en Irlanda no arrastra ese problema. Nadie lo descubre revisando la rentabilidad.

Una sola fuente de información

Si todo tu proceso, precios, clasificaciones sectoriales, cribas y comparativas, sale de una única fuente, esa fuente es una posición no declarada de tu cartera. Cuando cambia de metodología, reclasifica un sector, deja de ofrecer un dato gratuito o simplemente se cae dos días, tu criterio se queda sin suelo. Los proveedores de índices reclasifican países y sectores cada cierto tiempo, y esas decisiones mueven dinero real.

Una nómina correlacionada con la cartera

Esta es la concentración más grande y la que menos gente calcula, porque el activo no está en el bróker: es el trabajo. Tu capacidad de generar ingresos futuros suele valer más que tu cartera, y tiene una correlación concreta con el mercado.

La consecuencia práctica es incómoda: quien mejor conoce un sector es quien menos debería concentrarse en él, porque su conocimiento y su exposición proceden de la misma fuente.

Caso real: los empleados de Enron

A finales de los años noventa, el plan de pensiones de empleo de Enron tenía una parte muy dominante de su patrimonio invertida en acciones de la propia compañía, del orden del sesenta por ciento, entre aportaciones de la empresa hechas en acciones y decisiones voluntarias de los trabajadores. La acción se comportaba de forma excelente y era la inversión que todos ellos creían entender mejor que nadie.

Entre 2000 y finales de 2001 la acción pasó de más de ochenta dólares a prácticamente cero, la compañía se declaró en quiebra y unos veinte mil empleados perdieron su trabajo. El ahorro de jubilación acumulado que se evaporó se cifra en miles de millones de dólares. No hubo un fallo de diversificación por sectores ni por geografía: hubo una única exposición, la compañía, repetida en la nómina, en el plan de pensiones y en la cartera personal. Ninguna medida de riesgo calculada sobre precios habría mostrado esa concentración, porque no estaba en los precios.

El resto de Quant500

Lo que estás aprendiendo, aplicado al índice todos los días:

La cartera del modelo, cada semana en tu correo

Cada sábado, su semana en un minuto: cómo fue, lo mejor y lo peor, y qué directivos compraron con su dinero. Y el día que el modelo se rehace, qué entra y qué sale. Es una simulación, no un consejo. Como mucho un correo a la semana, sin publicidad y sin cuenta; te das de baja con un clic. Lo hace una persona: Pol Gracia.

Cartera modelo con resultados simulados, no una recomendación personalizada. Tu correo se usa solo para esto: privacidad.

Detrás de la Academia y del resto de Quant500 hay una sola persona: Pol Gracia Serrahima.