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2. El ciclo de crédito: diferenciales y contagio

Macro 5: Deuda, crédito y crisis

La bolsa se lleva los titulares, pero quien manda en el ciclo económico es el crédito. Una empresa puede aguantar años con la acción cayendo; no aguanta una semana sin poder refinanciar el préstamo que vence el viernes. Por eso el mercado de deuda corporativa avisa antes y con menos ruido que el de acciones, y por eso conviene saber leer su único indicador esencial: el diferencial.

Qué es un diferencial y qué te está pagando

El diferencial de crédito, o *spread*, es la diferencia entre el rendimiento de un bono corporativo y el de la deuda pública del mismo plazo. Se mide en puntos básicos: cien puntos básicos es un punto porcentual. Si un bono empresarial a cinco años renta un 6,5% y el bono del Tesoro a cinco años renta un 4%, el diferencial es de 250 puntos básicos.

Ese exceso no es un regalo. Te está pagando por tres cosas distintas que conviene no confundir:

La consecuencia práctica es que un diferencial que se abre no implica necesariamente que el mercado espere más quiebras. Muchas veces implica que ha subido el precio del miedo y de la iliquidez, dos cosas que se mueven mucho más rápido que la solvencia real de las empresas.

El ciclo de crédito en cuatro tiempos

Charles Kindleberger y Robert Aliber describieron en *Manias, Panics and Crashes* un patrón que se repite con una regularidad incómoda, y Hyman Minsky le puso el mecanismo financiero. Resumido:

Lo importante es que la fragilidad se construye en la fase buena. Cuando los diferenciales están en mínimos históricos, no es que no haya riesgo: es que no se está cobrando.

High yield: el canario de la mina

Se llama high yield o bono basura al de emisores con calificación por debajo del grado de inversión. Estos emisores dependen del mercado para sobrevivir: si el mercado primario se cierra, no refinancian y quiebran. Por eso su diferencial es el termómetro más sensible del ciclo, y por eso suele girarse antes que la bolsa.

Tres cosas hay que mirar además del nivel del diferencial: el muro de vencimientos (cuánta deuda hay que refinanciar en los próximos dos años), la tasa de impago observada, y si el mercado primario sigue abierto. Una emisión que se cancela por falta de demanda dice más que cualquier índice.

El canal de contagio: del diferencial a la economía real

Aquí es donde el crédito deja de ser un asunto de bonos. La secuencia tiene tres tramos que se refuerzan:

Primero, el coste. Un diferencial más alto encarece la refinanciación, y la empresa reacciona recortando inversión y plantilla para conservar caja. Segundo, la cantidad. Los bancos endurecen las condiciones de concesión, y ese endurecimiento se mide: las encuestas de préstamos bancarios que publican la Reserva Federal y el Banco Central Europeo anticipan la caída de la inversión con varios trimestres de adelanto. Tercero, la retroalimentación. Menos inversión y menos empleo significan menos ingresos, lo que empeora la solvencia y justifica diferenciales todavía más altos.

Añade el eslabón bancario: las pérdidas crediticias comen capital, y un banco con menos capital presta menos. Gary Gorton mostró que en 2007 y 2008 el pánico no fue de depositantes en ventanilla sino de financiación mayorista: deuda que todo el mundo trataba como segura dejó de serlo cuando empezó a importar qué había dentro.

Tres crisis, tres lecturas del mismo indicador

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