3. Petróleo, oro y cobre: qué información distinta lleva cada uno
Macro 4: Inflación, divisas y materias primas
Se agrupan bajo la etiqueta "materias primas" como si fueran variaciones del mismo activo, y no lo son. Cada uno de estos tres precios responde a una pregunta distinta, y confundirlas lleva a leer señales que no están ahí.
Tres precios, tres preguntas
Simplificando, pero sin traicionar el fondo:
- El petróleo te habla del equilibrio inmediato entre lo que el mundo consume y lo que se puede bombear, con un componente geopolítico enorme.
- El cobre te habla de la inversión física en curso: obra, red eléctrica, fábricas, vivienda.
- El oro no te habla de la economía real casi en absoluto. Te habla de tipos de interés reales, de confianza en el dinero y de la demanda oficial de reservas.
El petróleo: la tiranía de la inelasticidad
A corto plazo, ni la demanda ni la oferta de crudo reaccionan al precio. Si el diésel sube un 20%, la gente sigue yendo a trabajar y los camiones siguen circulando. Y abrir producción nueva lleva meses o años. Con las dos curvas casi verticales, un desequilibrio pequeño en cantidad produce un movimiento gigantesco en precio. Eso, y no la especulación, explica la volatilidad estructural del crudo.
De ahí sale la lectura más útil que puedes hacer con el petróleo: distinguir si una subida es de oferta o de demanda. Y para distinguirlo no hace falta un modelo, basta con mirar qué hace la bolsa al mismo tiempo:
- Petróleo arriba y bolsa arriba: el mundo crece más de lo esperado y consume más energía. Es una señal de demanda, y es benigna.
- Petróleo arriba y bolsa abajo: alguien ha roto la oferta. Es un impuesto sobre el consumidor y un golpe a los márgenes de casi todos los sectores.
Es el mismo movimiento de precio con dos significados opuestos para tu cartera. Los recortes de producción acordados por la OPEP y sus aliados, o la capacidad ociosa que ese grupo mantiene, son la variable que decide de cuál de los dos casos se trata.
El cobre: el termómetro de la inversión
El cobre se usa donde hay cable: construcción, red de transporte eléctrico, electrodomésticos, motores, vehículos eléctricos, centros de datos. Es decir, allí donde se invierte capital físico. Por eso se le llama el metal con doctorado en economía.
Dos matices que casi nadie menciona. El primero, que su oferta es tan inelástica como la del petróleo pero por otra vía: desde que se descubre un yacimiento hasta que produce pueden pasar de diez a quince años entre permisos, financiación y construcción, y la ley media del mineral extraído lleva décadas cayendo. El segundo, que su valor como termómetro global se ha degradado, porque alrededor de la mitad del consumo mundial es chino y buena parte de esa demanda depende del sector inmobiliario de un solo país. Cuando el cobre cae, hoy conviene preguntarse si el mundo se enfría o si es Pekín quien deja de construir pisos.
Su comportamiento cíclico es brutal: en el segundo semestre de 2008 perdió alrededor de dos tercios de su valor, y desde los mínimos de marzo de 2020 llegó a duplicarse en poco más de un año.
El oro: un activo financiero disfrazado de metal
El oro casi no se consume. Prácticamente todo el que se ha extraído en la historia sigue existiendo en lingotes y joyas, así que su precio no lo fija la producción anual, que es una gota comparada con el inventario acumulado, sino la disposición de alguien a seguir guardándolo.
Como no genera ningún flujo, su rival directo es el bono ligado a la inflación. Ambos son activos que preservan poder adquisitivo, pero uno paga un tipo real y el otro no paga nada. De ahí la relación más fiable del oro: cuando el tipo de interés real sube, el coste de mantener oro sube y su precio tiende a caer, y viceversa. La segunda variable relevante es el dólar, porque cotiza en esa moneda. Y la tercera, desde 2022, la compra sostenida de reservas por parte de bancos centrales, que responde a consideraciones de sanciones y geopolítica y no a un cálculo de rentabilidad.
No compras el precio que ves en el titular
Un detalle técnico que arruina a mucha gente. Salvo que almacenes barriles, inviertes en materias primas a través de futuros, y un futuro vence. Para mantener la posición hay que vender el contrato próximo y comprar el siguiente. Si el siguiente es más caro, situación llamada contango, cada renovación te cuesta dinero. Si es más barato, backwardation, te la paga.
La rentabilidad de un índice de materias primas es, por tanto, la suma del movimiento del precio al contado, del resultado de esas renovaciones y del interés que cobra el colateral. En el petróleo hubo largos periodos de contango severo tras 2008 en los que el contado subía y el inversor perdía dinero igualmente.
Abril de 2020: el barril en negativo
El 20 de abril de 2020, el contrato de WTI para entrega en mayo cerró en menos 37,63 dólares. Es decir, había que pagar por entregar petróleo.
El motivo no fue que el crudo careciera de valor. Fue que ese contrato obliga a entrega física en Cushing, Oklahoma, un punto interior sin salida al mar, y con la demanda desplomada por los confinamientos los tanques estaban a punto de llenarse. Quien tuviera contratos y ningún sitio donde meter el crudo debía cerrarlos a cualquier precio antes del vencimiento, del día siguiente. El Brent, que se entrega en terminales marítimas donde siempre se puede fletar un buque como almacén, no llegó a ponerse negativo.
La lección va más allá de la anécdota: el precio que ves cotizado es el de un contrato con una cláusula de entrega, no el de una sustancia. Confundir ambas cosas es lo que llevó a varios fondos indexados de petróleo a materializar pérdidas históricas aquella semana.