4. Un marco práctico de gestión del riesgo
Riesgo 6: Los límites de las herramientas
Este es el último módulo del nivel 6 y un alto en el camino, no el final: el sitio para hacer balance del instrumental que llevas hasta aquí antes de entrar en los tres niveles que quedan.
Lo que llevas hasta aquí
- Medir el riesgo (nivel 1): la desviación típica y sus límites, por qué las colas reales son más gruesas que las de la campana y por qué el horizonte cambia el significado de cualquier cifra.
- Dimensionar la posición (nivel 2): que el tamaño es la decisión que más pesa, y que las fórmulas del tamaño óptimo son muy sensibles a una ventaja estimada con ruido.
- La caída acumulada y la ruina (nivel 3): que la aritmética de la recuperación es asimétrica y que el riesgo relevante es quedarte fuera antes de que la idea tenga tiempo de funcionar.
- El apalancamiento (nivel 4): que multiplica el resultado y, sobre todo, que introduce la posibilidad de que sea otro quien decida cuándo vendes.
- Diversificación y presupuesto de riesgo (nivel 5): que diversificar es repartir riesgo y no posiciones, y que las dependencias se estrechan justo cuando hacía falta que no lo hicieran.
- Y este nivel: que todo lo anterior se mide con herramientas que heredan los defectos de los datos con los que se calibran.
Fíjate en lo que no aparece: ninguna promesa de acotar la pérdida futura con precisión. Ese resultado no es un fallo del curso, es su conclusión. Lo que llevas es criterio para saber qué te dice cada cifra y, sobre todo, qué no te dice.
Cuatro preguntas sobre tu propia cartera
Si no puedes contestarlas por escrito y con cifras sobre tu cartera real, no tienes gestión del riesgo, tienes una opinión.
- ¿A qué estoy expuesto de verdad? No la lista de posiciones, sino los factores comunes que hay detrás. Diez acciones distintas pueden ser la misma apuesta a los tipos, a un sector o a una divisa. Escríbelo: si mañana suben los tipos 200 puntos básicos, ¿qué parte de mi cartera lo nota y en qué dirección?
- ¿Cuánto puedo perder en el peor caso razonable? En euros, no en un porcentaje abstracto, y calculado con escenarios y no solo con la volatilidad reciente. Con la disciplina del módulo 2: que el peor caso considerado no coincida con el peor caso vivido.
- ¿Podría aguantar ese caso sin verme forzado a vender? Depende de tus compromisos de pago, de tu liquidez, de si hay garantías de por medio y de tu horizonte real, no del declarado. La misma pérdida del 45% es un mal año para quien puede esperar y un desenlace definitivo para quien no.
- ¿Qué tendría que ocurrir para que cambiara de opinión? Escrito antes, no después. Sin esto, cualquier pérdida se reinterpreta como oportunidad y cualquier ganancia como confirmación de talento.
Caso real: agosto de 2007, la semana en que todos eran la misma cartera
Entre el 6 y el 9 de agosto de 2007, decenas de fondos cuantitativos de renta variable, gestionados por equipos independientes, perdieron a la vez y con una violencia sin precedentes en sus historiales. El trabajo de Amir Khandani y Andrew Lo documentó que una estrategia sencilla de las que estos fondos empleaban llegó a perder en torno a un cuarto de su valor en esas tres sesiones. Uno de los grandes fondos cuantitativos de Goldman Sachs perdió alrededor de un 30% en el mes y recibió una inyección de capital de unos 3.000 millones de dólares.
Y entonces vino el detalle revelador: el 10 de agosto, buena parte de lo perdido se recuperó. Eso descarta un cambio en los fundamentales, porque los fundamentales no vuelven sobre sus pasos en veinticuatro horas. Lo ocurrido era que muchos fondos tenían, sin saberlo, la misma exposición; alguien tuvo que reducir riesgo con urgencia por motivos ajenos, sus ventas movieron los precios contra todos los demás, y los sistemas de control de riesgo del resto ordenaron vender también. La correlación no estaba en los datos históricos: la creó la propia estructura de posiciones compartidas. Es el resumen de estos seis niveles en una semana.
Lo que viene ahora
Los seis primeros niveles se han ocupado del riesgo tal y como sale en un gráfico de precios: anchura, colas, tamaño, caídas, apalancamiento y las herramientas con las que se mide todo eso. Quedan tres niveles, y ninguno de ellos va de esa clase de riesgo.
- Nivel 7, el riesgo que no está en los precios: el precio de pantalla vale para una acción y no para tu posición entera; dónde está físicamente tu dinero cuando crees que lo tienes y qué diferencia hay entre que quiebre tu bróker y que quiebre el emisor de tu producto; las concentraciones que no aparecen en la cartera porque no son activos; y el riesgo operativo del propio inversor.
- Nivel 8, horizonte, aportaciones y retiradas: aquí se rompe el supuesto silencioso de los seis primeros, que es una cartera a la que nadie mete ni saca dinero. El riesgo de secuencia, en qué se diferencia acumular de desacumular, de dónde salió la regla del cuatro por ciento y qué protege de verdad la aportación periódica.
- Nivel 9, un sistema de riesgo propio: los límites escritos antes de necesitarlos, qué revisar cada mes y qué no mirar nunca, cómo distinguir reducir porque el riesgo ha subido de reducir porque duele, y las cuatro preguntas de arriba convertidas en un folio que se rellena una vez al año.
Hay una carencia, eso sí, que no cubre ninguno de los nueve niveles: decidir si una diferencia de resultados entre dos estrategias es real o cabe dentro del azar, separar suerte de habilidad en un historial, o montar una comprobación histórica que no te mienta. Aquí puedes razonar bien y equivocarte con criterio; medir es otra cosa y vive en otra pista, la de matemáticas y estadística, que es la tercera intermedia junto a esta y a Derivados. Si además echas de menos el activo, el entorno o la factura, eso son las tres fáciles y sin código: Teoría de mercados, Macro y Costes. Y las tres pistas difíciles son Técnica y Python, Datos y producción, y Expectativas y ventaja, esta última sin una sola línea de código, difícil por exigencia y no por programar.
El mapa completo, con el orden recomendado, está al final del nivel 9. Aquí basta con saber que existe.