1. Qué multiplica exactamente el apalancamiento, y qué no
Riesgo 4: Apalancamiento
Casi todo el mundo cree entender el apalancamiento con una sola frase: multiplica las ganancias y multiplica las pérdidas. La frase es cierta y es gravemente insuficiente. Si eso fuera todo, apalancarse sería una decisión neutral sobre el tamaño de la apuesta, un simple mando de volumen. No lo es. El apalancamiento multiplica una cosa, resta otra distinta y añade una tercera que antes sencillamente no existía. Y es la tercera la que arruina a la gente.
Exposición, capital y múltiplo
Hacen falta tres palabras precisas. Tu capital es el dinero que es tuyo. Tu exposición es el valor de mercado de lo que se mueve a tu favor o en tu contra. El múltiplo es el cociente entre ambos.
Sin deuda, exposición y capital coinciden: el múltiplo es 1. Si tienes 10.000 euros, pides prestados 20.000 y compras 30.000 euros de un activo, tu exposición es 30.000, tu capital sigue siendo 10.000 y tu múltiplo es 3. Nada de esto depende del producto que uses: depende únicamente de ese cociente. Volveremos a ello en el módulo 3, porque es la clave para detectar el apalancamiento que no lleva etiqueta.
Lo que multiplica: el movimiento del activo, no tu acierto
Con múltiplo 3, una subida del 10% del activo convierte los 30.000 en 33.000. Devuelves los 20.000 y te quedan 13.000: has ganado un 30% sobre tus 10.000. Una caída del 10% deja la posición en 27.000, devuelves 20.000 y te quedan 7.000: has perdido un 30%. La simetría es limpia y es la parte que todo el mundo entiende.
Conviene fijarse en qué se ha multiplicado exactamente: el porcentaje que se mueve el activo, no la calidad de tu decisión. Multiplica el resultado de una ventaja que ya tenías o no tenías. Sobre una decisión mediocre, produce un desastre mediocre a mayor escala.
Lo que resta: el alquiler del dinero ajeno
Aquí empieza la parte que la frase famosa se salta. El dinero prestado tiene precio, y ese precio se paga con tu capital, no con el de nadie más.
Sigamos con el ejemplo. Si el préstamo cuesta un 6% anual, pagarás 1.200 euros por los 20.000 prestados. Sobre tus 10.000 de capital, eso es un 12%. Dicho de otro modo: el activo tiene que subir un 4% solo para que acabes el año donde empezaste, porque el 4% de 30.000 son exactamente esos 1.200 euros.
La aritmética general es sencilla. Con múltiplo *k*, rentabilidad del activo *r* y coste del préstamo *c*, tu resultado es *k* por *r* menos (*k* menos 1) por *c*. Con tres escenarios y las cifras de antes:
- El activo renta un 8%. Resultado: 24% menos 12%, es decir, un 12% frente al 8% que habrías obtenido sin deuda.
- El activo renta un 6%, justo lo que cuesta el préstamo. Resultado: 18% menos 12%, un 6%. Idéntico a no haberte apalancado, con el triple de riesgo.
- El activo renta un 2%. Resultado: 6% menos 12%, una pérdida del 6% con el activo en positivo.
Ese tercer caso es el que conviene interiorizar: el apalancamiento puede hacerte perder dinero en un año en que acertaste la dirección. El umbral no es que el activo suba, sino que rente más que el interés que pagas por él.
Qué caída te borra: la inversa del múltiplo
La pregunta útil no es cuánto ganas si aciertas, sino qué movimiento adverso agota tu capital. La respuesta es una división: la caída que lo borra es uno partido por el múltiplo.
- Múltiplo 2: una caída del 50% deja tu capital en cero.
- Múltiplo 3: basta un 33,3%.
- Múltiplo 5: basta un 20%.
- Múltiplo 10: basta un 10%.
- Múltiplo 50: basta un 2%, un movimiento que muchos activos hacen en una mañana tranquila.
Dos matices que cambian el cuadro. El primero es que el interés sigue corriendo mientras caes, así que el umbral real llega antes. El segundo es más importante: nadie te deja llegar a cero. Te cierran mucho antes, y de eso trata el módulo 4.
Lo que añade: un riesgo que sin deuda no existía
Sin apalancamiento, el único que decide cuándo se cierra tu posición eres tú: puedes equivocarte de precio y de momento, y tu error solo se materializa cuando tú lo materializas. Esa capacidad de aguantar vale mucho y es gratis mientras no debas nada.
Con apalancamiento aparece un tercero: quien te prestó. Ese tercero tiene derecho contractual a exigirte más garantías o a vender tu posición si el valor cae por debajo de un umbral. Ya no es tu error el que te saca del mercado, sino el calendario de otro. Esto no es una pérdida mayor. Es un riesgo de naturaleza distinta, y por eso tiene su propio módulo.
Caso: el franco suizo, 15 de enero de 2015
Durante tres años el Banco Nacional de Suiza mantuvo un suelo en el cambio del euro contra el franco, comprometiéndose a defender 1,20. El 15 de enero de 2015 lo retiró sin previo aviso. El franco se apreció de forma violenta y el par llegó a moverse del orden del 30% en cuestión de minutos, en un mercado que llevaba años considerado de baja volatilidad.
Buena parte del negocio minorista de divisas operaba entonces con múltiplos de 50 o 100. Con 50, una caída del 2% agota el capital; el movimiento fue más de diez veces esa magnitud, y además ocurrió sin precios intermedios en los que ejecutar. El resultado no fue que muchos clientes perdieran su dinero, sino que acabaron debiendo dinero al bróker por encima de lo depositado. Varias firmas quedaron gravemente dañadas: Alpari UK entró en insolvencia y FXCM necesitó una inyección de emergencia de cientos de millones de dólares para seguir operando.
La lección no es que las divisas sean peligrosas. Es que con múltiplos altos el margen entre operar y desaparecer se mide en porcentajes de un solo dígito, y los mercados producen movimientos de dos dígitos con más frecuencia de la que sugiere cualquier serie histórica tranquila.
Para ampliar esta lección
- Apalancamiento (deuda / patrimonio)en el glosario