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4. Los datos que mueven el mercado: por qué reacciona a la sorpresa y no al dato

Macro 3: La curva de tipos y el ciclo

Todo inversor ha visto la escena: sale un dato de inflación pésimo y la bolsa sube con fuerza. Sale un dato de empleo excelente y la bolsa se hunde. La conclusión fácil es que el mercado es irracional. La conclusión correcta es que el precio de hoy ya contenía la parte del dato que todo el mundo esperaba, y lo único capaz de moverlo es lo que nadie esperaba.

El precio ya contiene el consenso

Antes de cada publicación existe una previsión colectiva. El precio de un bono, de una divisa o de un índice el minuto anterior al dato es un resumen de esa previsión: quien creía que la inflación bajaría ya ha comprado, y quien creía lo contrario ya ha vendido. Cuando el dato aparece, solo la parte no anticipada es información nueva, y solo esa parte tiene por qué mover nada.

Esa expectativa colectiva se puede medir de dos maneras, y no siempre coinciden:

Qué es exactamente una sorpresa

La sorpresa es la diferencia entre el dato publicado y lo esperado, pero en bruto no sirve para comparar series distintas: fallar por una décima en la inflación y por cincuenta mil puestos en el empleo no son sorpresas del mismo tamaño. Por eso se normaliza, dividiendo la diferencia entre la desviación típica histórica de las sorpresas de esa misma serie. Así se sabe si el fallo ha sido grande o pequeño para ese indicador.

De esa idea nacen los índices de sorpresa económica, que agregan las desviaciones recientes de un país entero. Conviene entender qué miden exactamente: no dicen si la economía va bien, sino si va mejor o peor de lo que los analistas creían. Por eso tienden a volver a cero por sí solos: cuando los datos sorprenden al alza mucho tiempo, los analistas suben sus previsiones y la sorpresa desaparece aunque la economía siga igual de fuerte.

Qué datos mueven de verdad el mercado

No todos pesan igual, y el orden cambia con lo que el mercado teme en cada momento:

El mismo dato, dos reacciones opuestas

Aquí está el matiz que desconcierta a todo el mundo. Un dato de empleo fuerte es una buena noticia para los beneficios empresariales y, a la vez, una mala noticia para los tipos de interés, porque empuja al banco central a mantener el dinero caro más tiempo. Cuál de los dos efectos domina depende de qué esté temiendo el mercado. Si teme una recesión, una buena noticia económica es una buena noticia. Si teme la inflación, la misma buena noticia se lee como más tipos durante más tiempo y la bolsa cae. No es incoherencia: son dos canales distintos, y el que manda cambia con el contexto.

Hay además un segundo tiempo dentro de la misma sesión. El primer movimiento, en los segundos posteriores a la publicación, lo ejecutan sistemas automáticos que leen el titular. La corrección llega minutos u horas después, cuando alguien mira la composición del dato: qué sectores crearon empleo, si la cifra del mes anterior se ha revisado, qué componentes empujaron el índice de precios. No es raro que el mercado se dé la vuelta entero antes del cierre.

Las revisiones: el dato que creías tener

Casi ningún dato macro es definitivo. Se publica una primera estimación basada en una muestra incompleta y se corrige después, a veces mucho. En agosto de 2024, la revisión comparativa preliminar del empleo estadounidense recortó en unos 818.000 puestos el nivel de empleo estimado hasta marzo de ese año. Durante meses, el mercado había reaccionado a una foto que resultó ser distinta.

De ahí una regla práctica: cualquier sistema construido sobre el último dato publicado de una serie que se reescribe está operando con información provisional, y comprobarlo hacia atrás con los datos ya revisados produce resultados imposibles de haber obtenido en su día.

Caso real: dos datos de inflación de 2022

El 13 de septiembre de 2022 se publicó el IPC estadounidense de agosto. El mercado esperaba alivio porque la gasolina había bajado, y la parte subyacente salió al 0,6% mensual frente al 0,3% previsto. El S&P 500 se dejó alrededor de un 4,3% en la sesión, su peor día en más de dos años. La inflación de ese mes, en nivel, había sido algo mejor que la del anterior.

El 10 de noviembre, el mismo indicador salió en el 7,7% interanual frente al 8,0% esperado. El S&P 500 subió más de un 5%, su mejor sesión en más de dos años. Una inflación del 7,7%, casi cuatro veces el objetivo del banco central, provocó el mejor día del año en bolsa.

Dos meses, la misma serie, reacciones opuestas y en ambos casos un nivel de inflación pésimo. Lo que cambió no fue la economía: fue la distancia entre el dato y lo que el precio ya contenía. Si retienes una sola frase de este nivel, que sea esta: el mercado no cotiza el dato, cotiza la diferencia.

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