Quant500 Academy

4. Qué hace falta antes de tocar un derivado

Derivados 6: Cuando sale mal

Aquí se cierra el bloque de fundamentos, seis niveles de los nueve del curso, antes de entrar en los tres avanzados. Es el sitio para hacer un balance sin adornos: qué llevas, qué no llevas y qué habría que comprobar antes de abrir la primera posición, si es que hay que abrirla.

Lo que llevas hasta aquí

Fíjate en lo que no aparece en la lista: ninguna estrategia que gane dinero. Eso no es un fallo del curso. Un derivado no es una fuente de rentabilidad, es un instrumento para trasladar un riesgo de un balance a otro, y cobrar por aceptarlo es un negocio legítimo únicamente para quien puede sobrevivir al día en que toque pagar.

Las cuatro comprobaciones previas

Antes de abrir un derivado, y con independencia de lo convincente que suene la idea, hacen falta cuatro respuestas por escrito:

Por qué la mayoría de inversores no necesita derivados

Merece la pena decirlo sin rodeos. Un particular con una cartera diversificada y un horizonte largo puede alcanzar sus objetivos sin tocar un solo derivado en toda su vida, y estadísticamente le irá mejor así. Los derivados aportan valor cuando existe un riesgo concreto que quieres trasladar: un agricultor que fija el precio de su cosecha, una empresa que asegura un tipo de cambio, un gestor que acota una exposición que no puede permitirse.

Fuera de esos casos, lo que suele buscarse es apalancamiento disfrazado de sofisticación. El nivel 5 ya lo apuntaba con la call cubierta: parece un ingreso regular y es la venta del tramo bueno de tu propia cartera a cambio de una prima modesta. No es que esté prohibido; es que hay que saber qué se está vendiendo. Si la respuesta a "por qué necesito este derivado" es "porque quiero ganar más", el instrumento correcto no es un derivado, es una revisión del tamaño y la composición de la cartera.

Lo que viene ahora

Hasta aquí, la volatilidad ha sido un parámetro que entra en el precio de una opción y las posiciones han sido de una pieza. En los tres niveles que quedan deja de ser así.

Hay, además, una carencia que no cubre ninguno de los nueve niveles: saber si el historial de una estrategia con opciones dice algo o es selección. Ese es el terreno de matemáticas y estadística, la pista intermedia donde las advertencias de este nivel dejan de ser prosa: las colas gruesas explican por qué la campana de Gauss subestima siempre episodios como el 5 de febrero de 2018, las pruebas múltiples ponen número a la sospecha de que una racha de veinticuatro meses no demuestra nada, y la validación fuera de muestra convierte en procedimiento la idea de que un histórico corto no valida una estrategia vendedora. La otra intermedia, Riesgo y gestión de cartera, contesta la pregunta del tamaño, que aquí se ha dado por supuesta.

Por debajo están las tres pistas fáciles y sin código —Teoría de mercados, Macro y Costes— y por encima las tres difíciles: Técnica y Python, Datos y producción, y Expectativas y ventaja, que no lleva una sola línea de código y es difícil por exigencia, no por programar. El mapa completo, con un orden recomendado, está al final del nivel 9.

El resto de Quant500

Lo que estás aprendiendo, aplicado al índice todos los días:

La cartera del modelo, cada semana en tu correo

Cada sábado, su semana en un minuto: cómo fue, lo mejor y lo peor, y qué directivos compraron con su dinero. Y el día que el modelo se rehace, qué entra y qué sale. Es una simulación, no un consejo. Como mucho un correo a la semana, sin publicidad y sin cuenta; te das de baja con un clic. Lo hace una persona: Pol Gracia.

Cartera modelo con resultados simulados, no una recomendación personalizada. Tu correo se usa solo para esto: privacidad.

Detrás de la Academia y del resto de Quant500 hay una sola persona: Pol Gracia Serrahima.