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1. Call y put: el derecho de uno es la obligación del otro

Derivados 2: Opciones, la mecánica

El nivel anterior terminó con un contrato perfectamente simétrico. En un futuro, dos partes se comprometen hoy a intercambiar algo en una fecha concreta a un precio pactado, y las dos quedan obligadas por igual. Una opción rompe esa simetría por la mitad, y en esa ruptura está todo lo que hace distinta a esta familia de instrumentos.

Un derecho para uno, una obligación para el otro

Una opción es un contrato en el que una parte compra el derecho —no la obligación— a comprar o vender un activo a un precio fijado de antemano, dentro de un plazo determinado. La otra parte vende ese derecho y queda obligada a cumplir si la primera decide ejercerlo.

Existen dos tipos, y conviene fijarlos desde el primer minuto porque todo lo demás se construye sobre ellos:

En cada contrato hay siempre un comprador que tiene una decisión que tomar y un vendedor que no tiene ninguna: solo espera. Esa espera no es gratis, y por eso cobra por adelantado.

Las cinco piezas que definen cualquier contrato

Una opción no queda descrita hasta que están fijadas estas cinco cosas:

El multiplicador: por qué una prima de 3 cuesta 300 euros

Este detalle desconcierta más que ningún otro. Las primas se cotizan por unidad de subyacente, pero se negocian por contratos, y un contrato estándar sobre acciones cubre 100 títulos.

Trabajemos con un ejemplo que mantendremos todo el nivel. Una acción cotiza a 100 euros. Existe una call con precio de ejercicio 105 y vencimiento dentro de tres meses, cuya prima cotiza a 3.

Comprar un contrato de esa call no cuesta 3 euros: cuesta 3 por 100 títulos, es decir, 300 euros, y da derecho a comprar 100 acciones a 105 cada una, un desembolso de 10.500 euros si ejerces. Quien cree estar arriesgando "tres euros" ha comprometido 300 y ha abierto la puerta a una operación de 10.500. A partir de aquí razonaremos por unidad, pero no pierdas de vista el factor 100.

La asimetría fundamental, con los números delante

Aquí está el corazón del asunto. El comprador paga 3 y sabe con certeza absoluta cuál es su peor escenario: perder esos 3. Si la acción se hunde a 40, no ejerce y su pérdida es 3. Ni un céntimo más. La pérdida del comprador está limitada a la prima.

Su beneficio, en cambio, no tiene techo definido. Si la acción sube a 130, ejerce: compra a 105 lo que vale 130 y, descontada la prima, se lleva 22. Si sube a 200, se lleva 92.

El vendedor vive el reflejo exacto de esa imagen. Cobra 3 el primer día y eso es todo lo que puede llegar a ganar, ocurra lo que ocurra: si la acción se desploma se queda con 3, y si se queda quieta también. Su pérdida potencial es la contraria de la ganancia del comprador: a 130 pierde 22, a 200 pierde 92.

De ahí sale el punto de equilibrio, el precio al que el comprador ni gana ni pierde: hay que recuperar el ejercicio y además la prima, o sea 105 más 3, 108. Por debajo pierde algo; por encima, gana.

Esa asimetría no es un regalo: se paga con la prima, más cara cuanto más plazo queda y cuanta más agitación se espera en el subyacente. Cómo se mide esa agitación es materia del nivel siguiente.

Estilo europeo y estilo americano

Los nombres son históricos y no tienen nada que ver con la geografía: hoy se negocian ambos estilos en todas partes.

La flexibilidad americana nunca puede valer menos que la europea, porque incluye todo lo que aquella permite y algo más. En la práctica, como veremos en el tercer módulo, ese "algo más" vale mucho menos de lo que la intuición sugiere. Como referencia orientativa: las opciones sobre acciones individuales suelen ser americanas, y muchas sobre índices se liquidan al estilo europeo y en efectivo.

Caso trabajado: tres desenlaces del mismo contrato

Compras la call 105 por una prima de 3, con la acción a 100. Tres meses después:

Este material es formación sobre el funcionamiento de un instrumento, no una recomendación de operar con él.

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