1. Qué compras realmente cuando compras una acción
Teoría 1: Cómo funciona realmente el mercado
Tienes 100 acciones de una empresa. Un año después sigues teniendo 100 acciones, no has vendido ni una, y sin embargo posees menos empresa que antes.
No es un error ni una estafa. Es aritmética. Y entenderla es la diferencia entre leer una noticia financiera con criterio o tragarte el titular.
Lo que te da una acción
Una acción es una fracción de la propiedad de una empresa. Te da tres cosas:
- Una parte de los beneficios, si se reparten: el dividendo.
- Un voto proporcional en las decisiones importantes.
- Una parte de lo que quede si la empresa se liquida, después de pagar a empleados, proveedores y bancos.
Hasta aquí, lo que ya sabías. Lo que no suele estar tan claro es que ese "número de acciones" que define tu porcentaje no es una cifra fija. Cambia constantemente, y cambia por decisión de la propia empresa.
Cuando aparecen acciones nuevas: la dilución
El número de acciones aumenta con una ampliación de capital. La empresa emite acciones nuevas y las vende, normalmente para recaudar dinero fresco sin endeudarse.
Para ti, el efecto tiene nombre: dilución. Si tenías el 1% de la empresa y se emite un 20% más de acciones, tu 1% pasa a valer menos de un 1%. No has vendido nada. Sencillamente hay más trozos repartiéndose la misma tarta.
Cuando desaparecen acciones: la recompra
El número disminuye con una recompra de acciones, o buyback: la empresa usa su propio efectivo para comprar acciones en el mercado abierto y retirarlas de circulación.
Un buyback no cambia nada del negocio real. Ni un cliente más, ni una fábrica más. Pero sí cambia las matemáticas: si el mismo beneficio se reparte entre menos acciones, el beneficio por acción (EPS) sube automáticamente.
Por eso muchas empresas maduras, con poco crecimiento y mucho efectivo, prefieren recomprar antes que subir el dividendo. Es otra forma de devolver valor al accionista. Y también una palanca fácil para mejorar métricas "por acción" sin que el negocio subyacente haya mejorado un ápice.
La lectura práctica: cuando veas que una empresa ha batido las expectativas de beneficio por acción, mira si lo que subió fue el numerador o lo que bajó fue el denominador.
No todas las acciones pesan igual
Algunas compañías cotizan con varias clases de acciones, típicamente Clase A y Clase B. Mismo derecho económico —beneficios, dividendos— pero distinto derecho de voto.
Lo habitual es que los fundadores se reserven una clase con diez votos por acción mientras el público compra la clase de un voto. Así mantienen el control de la empresa teniendo una fracción minoritaria del capital.
Y del total de acciones en circulación, solo una parte está de verdad disponible para comprar y vender en el mercado abierto: el free float. Las que están en manos de fundadores, directivos, gobiernos o participaciones estratégicas de largo plazo suelen quedar fuera.
Esto importa más de lo que parece. Como veremos en el próximo módulo, es el free float, y no el total de acciones, lo que usan índices como el S&P 500 para ponderar a cada empresa.
Dónde estás en la cola si algo sale mal
Una empresa se financia combinando capital propio (equity, lo que aportan los accionistas) y deuda (lo que prestan bancos y bonistas).
Si la empresa se liquida, se cobra en este orden, sin excepción:
- Primero, empleados y ciertos impuestos.
- Después, bonistas y bancos.
- Y al final, si sobra algo, los accionistas.
Esa prelación es la razón estructural de que las acciones sean casi siempre un activo más arriesgado que los bonos de la misma empresa. Y también de que ofrezcan, a cambio, una rentabilidad esperada mayor a largo plazo: el mercado exige una prima de riesgo a quien acepta cobrar el último.
Por qué cotizar lo cambia todo
Una empresa privada puede tener accionistas, juntas y hasta reparto de beneficios. Lo que no tiene es un mercado público donde comprar y vender esas acciones. Sin él resulta casi imposible saber cuánto valen realmente en un momento dado, o encontrar comprador si necesitas liquidez rápido.
Una empresa cotizada resuelve los dos problemas de golpe: un precio público, actualizado en tiempo real, y una forma de comprar o vender en segundos a través de cualquier bróker.
Esa combinación es precisamente lo que hace posible todo lo que viene después en este curso, desde entender por qué se mueve el precio hasta automatizar una estrategia sobre él. Un algoritmo solo puede operar sobre algo que tiene un precio que actualizar constantemente.