2. Qué mirar cada mes, y qué no mirar nunca
Riesgo 9: Un sistema de riesgo propio
Un sistema de riesgo tiene dos partes: los límites, que se escriben una vez, y la revisión, que se repite. La segunda es donde casi todo el mundo se equivoca, y no por mirar poco. La intuición dice que revisar más a menudo es ser más responsable, y que cuanta más información entre, mejores serán las decisiones. La aritmética dice justo lo contrario, y conviene verla antes de discutirla.
La asimetría entre ver ruido y ver señal
Toma una cartera de acciones con un 8% esperado anual y un 20% de volatilidad. La señal, es decir el rendimiento esperado, crece con el tiempo. El ruido, es decir la dispersión, crece con la raíz del tiempo. Esa diferencia lo explica todo.
- En un día, la señal esperada es de unas tres centésimas de punto y el ruido diario ronda 1,26 puntos. La proporción es de aproximadamente uno a cuarenta.
- En un año, la señal es del 8% y el ruido del 20%: aproximadamente uno a dos y medio.
- En diez años, la señal acumulada ronda el 80% y el ruido, unos 63 puntos: por primera vez la señal es mayor que el ruido.
De ahí sale la regla incómoda: mirar más a menudo no aporta información adicional, aporta más ruido por unidad de señal. El precio de hoy no contiene ningún dato sobre si tu cartera está bien construida; contiene el humor de un mercado durante seis horas y media.
La consecuencia práctica es la que duele. Cada observación no es neutral: puede convertirse en una decisión. Y como la probabilidad de ver una pérdida es cercana a la mitad en un día y bastante menor en un año, quien mira a diario se somete a unas doscientas cincuenta ocasiones anuales de sentir dolor, frente a una. Kahneman y Amos Tversky mostraron que esa asimetría entre el dolor de perder y el placer de ganar no se compensa: se acumula.
Qué revisar cada mes
Todo lo que sigue cambia despacio, se mide sin ambigüedad y no depende del precio de esta semana:
- Exposición real por fuente de riesgo. No la lista de nombres, sino los factores: cuánto hay detrás de un mismo sector, una misma divisa, un mismo tipo de interés, un mismo país. Es la revisión que descubre que doce posiciones eran tres apuestas.
- Concentración. Peso de la mayor posición, peso de las cinco mayores y peso del mayor factor. Tres números que caben en una línea y que responden a la pregunta del nivel 7: ¿dónde está la apuesta que no sabía que tenía?
- Liquidez. Dos cifras: los meses de gasto cubiertos fuera de la cartera y qué proporción de la cartera podrías vender en un día malo sin mover el precio contra ti.
- Desviación respecto a lo planeado. Los pesos se mueven solos: lo que sube ocupa más sitio. Si tu objetivo era un 8% por posición y el mercado la ha llevado al 14%, el mercado ha tomado por ti una decisión de dimensionado que tú nunca aprobaste.
Qué revisar una vez al año
- La tesis de cada posición relevante, y si sigue diciendo lo mismo que el día que la escribiste.
- Los costes reales pagados en euros: comisiones, diferencial de compraventa, cambio de divisa e impuestos.
- La tasa de retirada y el plan de aportaciones del nivel 8, contra el gasto que has tenido de verdad.
- Los propios límites, con la regla de que cualquier cambio entra en vigor con retraso.
Qué no mirar nunca
- El precio cada día. No produce conocimiento, solo produce decisiones, y las produce en el peor momento.
- La rentabilidad acumulada frente a un índice en plazos cortos. A pocos meses esa diferencia es casi toda azar, y su único efecto práctico es empujar al cambio de cartera justo después de un tramo malo.
- El valor de la cartera en euros el día de un movimiento grande, que es exactamente cuando la cifra tiene el máximo poder para dictar una orden.
- Las noticias con nombre propio de tus posiciones, que sustituyen la revisión de factores por una colección de anécdotas.
Philip Tetlock encontró que los mejores pronosticadores actualizan a menudo pero en incrementos pequeños y sobre evidencia real, y que quien reacciona a cada titular acaba con una opinión que es el promedio de sus últimos sustos.
Caso real: el experimento de la frecuencia de información
A finales de los años noventa, un grupo de investigadores entre los que estaban Richard Thaler, Amos Tversky y Daniel Kahneman diseñó un experimento sencillo. A unos participantes se les mostraban los resultados de su inversión con mucha frecuencia; a otros, agregados en bloques de varios años. Todos podían repartir su dinero entre un activo seguro y uno arriesgado, con las mismas rentabilidades subyacentes en ambos grupos.
Los que veían resultados frecuentes destinaron en torno al 40% al activo con más riesgo. Los que solo veían agregados largos destinaron cerca del 70%. La misma inversión, la misma distribución de resultados y la misma persona: solo cambiaba la frecuencia con que se le enseñaba el marcador. A ese efecto lo llamaron aversión miope a la pérdida, y Thaler y Shlomo Benartzi lo propusieron después como explicación de por qué las acciones han tenido que pagar históricamente una prima tan alta sobre la deuda.
El acompañamiento empírico llega de Brad Barber y Terrance Odean, que estudiaron decenas de miles de cuentas reales de un bróker estadounidense en los años noventa. El hogar medio obtuvo alrededor de un 16,4% anual frente a un 17,9% del mercado; el quintil más activo se quedó en torno al 11,4% neto. La diferencia no procedía de elegir peores acciones, sino de operar, y operar procede de mirar.
La conclusión es directa: reduce la frecuencia con que ves el marcador y habrás mejorado tus decisiones sin cambiar ni una sola posición.