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1. Cómo se despeja lo que el mercado está suponiendo

Nivel 3: Valoración inversa

La valoración convencional funciona así: proyectas el futuro de una empresa, lo traes al presente y obtienes un número; después comparas ese número con el precio y decides. El problema es que el número depende por completo de unas hipótesis que has elegido tú, y que casi siempre acabas eligiendo para que el resultado confirme lo que ya pensabas antes de abrir la hoja. Rappaport y Mauboussin propusieron invertir el orden de la operación. Ese giro, que parece de matiz, es el corazón de este curso.

Dar la vuelta a la pregunta

En vez de preguntar cuánto vale la empresa, se pregunta: dado el precio que hay hoy en la pantalla, qué combinación de resultados futuros lo justificaría exactamente. El precio deja de ser el objeto de la comparación y pasa a ser el dato de partida. Lo que despejas es la hipótesis.

El cambio no es cosmético, por dos razones:

Los tres ingredientes que hay que fijar antes de despejar

Antes de tocar un solo número hacen falta tres decisiones explícitas. No se adivinan sobre la marcha: se declaran.

El procedimiento, en cinco pasos

Primero, calcula el valor de punto muerto: lo que valdría la empresa si nunca creciera, dividiendo el beneficio operativo después de impuestos entre el coste del capital. Segundo, resta ese valor del precio; lo que queda es el trozo del precio que es pura expectativa. Tercero, averigua cuánto valor crea cada euro de ventas nuevas: divide el margen entre el coste del capital y resta la inversión incremental. Cuarto, divide el trozo de expectativa entre ese valor por euro; obtienes las ventas adicionales que hacen falta. Quinto, reparte esas ventas en un horizonte razonable y conviértelas en una tasa anual.

Es una cuenta aproximada, y conviene decirlo en voz alta: ignora que las ventas nuevas tardan en llegar y por tanto valen menos. Al descontarlas, la exigencia real sube. La aproximación sirve para el orden de magnitud, que es lo que decide.

No sale un número: sale una frontera

Aquí está la potencia del método y también la trampa en la que caen los que lo aplican mal. Al despejar no obtienes una respuesta, obtienes una frontera de combinaciones: infinitas parejas de crecimiento y margen que producen exactamente el mismo precio. Un margen alto con crecimiento modesto y un margen mediocre con crecimiento feroz pueden valer lo mismo.

Por eso la pregunta correcta nunca es "¿cuánto vale?", sino "¿es creíble algún punto de esa frontera?". Y por eso dos analistas honestos pueden llegar a cifras distintas sin que ninguno se haya equivocado: han elegido puntos distintos de la misma frontera.

Un caso resuelto: qué pide un precio de 60 euros

Ejemplo didáctico con cifras redondeadas, no una empresa real. La acción cotiza a 60 euros, hay 1.000 millones de acciones y la deuda neta es de 5.000 millones: el valor de empresa es de 65.000 millones. Las ventas son 32.500 millones, el margen operativo después de impuestos el 10%, el coste del capital el 8% y la inversión incremental 25 céntimos por euro de ventas nuevas.

Paso uno: el beneficio operativo después de impuestos es 32.500 por 0,10, es decir 3.250 millones. Dividido entre 0,08, el valor de punto muerto es de 40.600 millones.

Paso dos: 65.000 menos 40.600 deja 24.400 millones de pura expectativa, un 37,5% del precio.

Paso tres: cada euro de ventas nuevas deja 10 céntimos de beneficio, que capitalizados al 8% valen 1,25 euros; menos los 25 céntimos que hay que invertir, quedan exactamente 1,00 euro de valor creado por euro de ventas.

Paso cuatro: 24.400 dividido entre 1,00 son 24.400 millones de ventas adicionales. Las ventas tienen que pasar de 32.500 a 56.900, un 75% más.

Paso cinco: repartido en diez años, eso es crecer un 5,8% anual. Descontando bien, la exigencia sube más bien al 7%.

Ahora la frontera. Si el margen subiera al 12%, el punto muerto sería 48.750, faltarían 16.250, cada euro nuevo valdría 1,25 y bastaría con 13.000 millones de ventas extra: un 40% más, o un 3,4% anual. Si el margen cayera al 8%, el punto muerto sería 32.500, faltarían otros 32.500, cada euro nuevo valdría 0,75 y harían falta 43.300 millones de ventas extra: un 133% más, o un 8,8% anual.

Tres puntos de la misma frontera, un solo precio. La pregunta ya no es cuánto vale la empresa. Es si crees en alguno de esos tres futuros.

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