1. La cuenta completa: los costes de una cartera real
Costes 6: La cuenta completa
Los cinco niveles anteriores han desmontado la factura por partes: las comisiones, la custodia, el cambio de divisa y el TER (nivel 1); la horquilla, el deslizamiento y el impacto de mercado (nivel 2); qué le ocurre a tu orden después de enviarla y quién paga por verla (nivel 3); lo que cobra el envoltorio del producto y cuánto se desvía de su índice (nivel 4); y lo que se lleva Hacienda y, sobre todo, cuándo (nivel 5). Cada pieza, mirada por separado, parece despreciable. Este módulo hace lo único que de verdad cambia la forma de decidir: sumarlas todas sobre una cartera concreta y mirar el total de una sola vez.
Las reglas del ejercicio
Lo que viene son dos carteras de ejemplo, construidas con supuestos declarados. No describen a ningún bróker en particular ni son una recomendación: los precios varían enormemente entre entidades, países y tamaños de cuenta. Lo importante no son las cifras exactas, sino el método: enumerar cada partida, ponerle un número en euros, convertirla a puntos porcentuales sobre el patrimonio y compararla con la rentabilidad que esperas de verdad.
Las dos carteras tienen el mismo tamaño, 50.000 euros, y el mismo dueño. Lo único que cambia es cómo se opera.
Cartera A: pasiva, baja rotación
Composición: 80% en un ETF global de acciones de acumulación y 20% en un ETF de bonos en euros, ambos cotizados en un mercado europeo y denominados en euros. Operativa: doce aportaciones mensuales de 500 euros y un rebalanceo anual. Trece operaciones al año, con un volumen negociado total de unos 8.000 euros.
Supuestos de precio: 3 euros por operación, custodia gratuita, TER medio ponderado del 0,18%, horquilla del 0,05% (media horquilla, 0,025%), deslizamiento del 0,01% y una fuga por retenciones extranjeras dentro del fondo del 0,20% sobre la parte de acciones.
- Comisiones: 13 operaciones x 3 euros = 39 euros.
- Custodia: 0 euros.
- Cambio de divisa: 0 euros. El fondo sí convierte divisa por dentro, pero eso ya está recogido en su TER y en su tracking difference (nivel 4).
- TER: 0,18% de 50.000 = 90 euros.
- Media horquilla: 0,025% de 8.000 = 2 euros.
- Deslizamiento estimado: 0,01% de 8.000 = 0,80 euros.
- Retención extranjera no recuperada: 0,20% sobre 40.000 = 80 euros.
- Impuesto realizado: el rebalanceo vende 2.000 euros con 300 de plusvalía; al 19%, 57 euros.
Total: 269 euros al año, es decir, un 0,54% del patrimonio.
Cartera B: activa, alta rotación
Mismo patrimonio, 50.000 euros. Composición: veinte acciones individuales, la mitad europeas y la mitad estadounidenses, más 10.000 euros en dos fondos temáticos. Operativa: rotación del 300% anual, lo que significa vender y recomprar el equivalente a tres veces la cartera en doce meses. Con un tamaño medio de operación de 2.500 euros, eso son 120 operaciones y unos 300.000 euros negociados al año.
Supuestos de precio: comisión efectiva media de 5 euros por operación (manda el mínimo, porque las operaciones son pequeñas), custodia de 5 euros al mes, comisión de cambio de divisa del 0,30%, TER del 0,65% en los fondos temáticos, horquilla del 0,12% en acciones medianas y deslizamiento del 0,05% del volumen por operar a mercado.
- Comisiones: 120 x 5 = 600 euros.
- Custodia: 60 euros.
- Cambio de divisa: la mitad del volumen, 150.000 euros, al 0,30% = 450 euros.
- TER: 0,65% de 10.000 = 65 euros.
- Media horquilla: 0,06% de 300.000 = 180 euros.
- Deslizamiento estimado: 0,05% de 300.000 = 150 euros.
- Impuestos: supongamos 2.000 euros de plusvalía neta realizada, que tributan al 19%: 380 euros, más 80 euros de retención extranjera no recuperada sobre dividendos = 460 euros.
Total: 1.965 euros al año, un 3,93% del patrimonio.
Un matiz honesto sobre la partida fiscal
El impuesto no es exactamente dinero perdido: el inversor pasivo también pagará algún día por su plusvalía. Lo que la cartera B pierde no es el impuesto entero, sino el hecho de adelantarlo veinte años y renunciar a que ese dinero siga componiendo, más la imposibilidad de elegir el momento. Esa es la lección del nivel 5, y por eso conviene mirar la factura con y sin las líneas fiscales: retiradas ambas, la cartera B sigue costando un 3,01% frente al 0,26% de la A.
Qué fracción de tu rentabilidad esperada es esto
Aquí es donde el ejercicio deja de ser contabilidad. Supongamos, como hipótesis de trabajo razonable y declarada, una rentabilidad esperada del 6,5% nominal anual para una cartera diversificada de renta variable global con algo de renta fija. Con ese listón:
- La cartera A entrega 5,96% neto. Los costes se llevan el 8% de la rentabilidad esperada.
- La cartera B, si su selección de acciones no aporta absolutamente nada, entrega 2,57% neto. Los costes se llevan el 60% de la rentabilidad esperada.
Y la comparación decisiva: para que la cartera B empate con la neta de la A, su selección tiene que generar un 9,9% bruto, es decir, batir al mercado por 3,4 puntos porcentuales cada año, todos los años, antes de costes. No una vez: de forma sostenida. Ese es el listón real que se impone quien opera así, y casi nadie lo enuncia jamás en esos términos.
Conviene además notar de dónde sale ese 3,93%. No hay ninguna partida escandalosa: ningún producto abusivo, ningún bróker que estafe, ninguna comisión oculta. Son siete conceptos perfectamente normales, cada uno de ellos defendible por separado, que se suman porque nadie los suma nunca. Ese es precisamente el mecanismo por el que una cartera se desangra sin que su dueño detecte jamás el momento en que empezó a hacerlo.
Lo que hace este ejercicio no es demostrar que la gestión activa sea imposible. Demuestra que el coste no es un detalle administrativo, sino la parte de tu rentabilidad esperada que ya está comprometida antes de acertar una sola decisión. Y a diferencia de la rentabilidad, se conoce de antemano.
Para ampliar esta lección
- Horquilla (diferencial de compra y venta)en el glosario