Quant500 Academy

4. Productos que cobran caro por parecer sencillos

Costes 4: Fondos, ETFs y productos

Este módulo no va sobre productos malos, sino sobre productos cuyo precio no guarda proporción con lo que aportan. La distinción importa porque casi todos ellos tienen algún uso legítimo, y confundir "caro para ti" con "estafa" lleva a descartar herramientas útiles y, peor aún, a no reconocer el patrón cuando aparece con otro envoltorio.

Conviene empezar por cuándo una comisión es cara, que no depende de su nivel absoluto sino de su relación con lo que compra. Pagar un 1,5% por una gestión que de verdad se aparta del índice es una apuesta legítima que puede salir mal. Pagar ese mismo 1,5% por una cartera que se parece al índice en un 95% es pagar un 1,5% por un 5%.

Esta forma de mirarlo reformula la aritmética de la gestión que popularizó John C. Bogle y que Burton Malkiel defendía desde los años setenta, y es la herramienta más útil del módulo: divide la comisión entre la fracción del producto que hace algo distinto de lo que tendrías por unos pocos puntos básicos.

El índice encubierto

El trabajo de Martijn Cremers y Antti Petajisto propuso medir la parte activa de un fondo comparando posición a posición su cartera con la de su índice. Esa medida, la participación activa, indica qué porcentaje de la cartera habría que cambiar para convertirla en el índice. Un fondo que replica el índice tiene participación activa cercana a cero; un fondo genuinamente selectivo se sitúa muy alto.

De ahí sale el concepto de índice encubierto: fondos que se venden y se cobran como gestión activa y cuya cartera apenas se aparta de la referencia. La investigación situó el umbral de sospecha por debajo del 60% de participación activa y documentó que ese segmento pasó de marginal a representar una parte sustancial del patrimonio. En Europa, una revisión del supervisor de valores publicada en 2016 concluyó que un porcentaje apreciable, aunque minoritario, de los fondos analizados presentaba indicios de ese comportamiento.

Cómo detectarlo sin herramientas caras: compara las diez primeras posiciones del fondo con las del índice, y observa la diferencia de rentabilidad mes a mes durante dos o tres años. Si es siempre parecida y siempre negativa por un importe cercano a la comisión, tienes la respuesta.

ETFs apalancados: el reinicio diario

Un ETF apalancado promete multiplicar por dos o por tres el movimiento de un índice, pero casi siempre añade una palabra decisiva: diario. El producto se reajusta cada día para volver a tener exactamente el doble de exposición sobre el nuevo patrimonio. Eso hace que el resultado a varios días no sea el doble del resultado del índice a varios días, sino el producto de las rentabilidades diarias apalancadas, que es otra cosa.

La consecuencia se llama degradación por volatilidad, y actúa en contra en mercados laterales agitados.

El ejemplo numérico de ida y vuelta

Un índice está en 100. Sube un 10% y se pone en 110. Al día siguiente baja un 9,0909% y vuelve exactamente a 100. Al cabo de dos días, el índice no ha hecho nada.

Un ETF que duplica el movimiento diario:

El índice está plano y tú has perdido un 1,8%. Repite ese vaivén veinte veces y la pérdida acumulada supera el 30% con el índice exactamente donde empezó. Y esto sin contar el coste de financiación del apalancamiento ni el TER, que en estos productos suele ser bastante más alto que en un indexado normal. No es un defecto de fabricación: es el resultado matemático inevitable de reiniciar el apalancamiento cada día.

Capital garantizado: el bono y la opción

Un estructurado con capital garantizado suele ser la suma de dos piezas. Con tipos al 3% y un plazo de cinco años, garantizar 100 euros al vencimiento cuesta hoy unos 86,3 euros en un bono cupón cero. Quedan 13,7 euros para comprar opciones sobre el índice y para las comisiones. Si la entidad se lleva 3 euros de margen de colocación, quedan unos 10,7 para la opción, y esos 10,7 son los que determinan cuánta participación en la subida puede ofrecerte.

De ahí salen las tres características típicas: participación parcial en la subida, techo de ganancia y renuncia a los dividendos, que a cinco años pueden rondar el 7% u 8% acumulado. Además, la garantía es una promesa del emisor: si quiebra, se convierte en un crédito concursal. Y es nominal, así que con un 3% de inflación recuperar 100 euros dentro de cinco años equivale a recuperar unos 86 de hoy.

Nada de esto está oculto: está en el folleto. Lo que la ficha comercial no hace es sumarlo.

Cuándo estos productos tienen un uso legítimo

Ser ecuánime aquí es importante:

Caso real: 5 de febrero de 2018

El caso más didáctico de producto complejo mal entendido es el de los instrumentos que apostaban contra la volatilidad. El 5 de febrero de 2018 el índice VIX se disparó en una sola sesión, y un producto cotizado muy popular que ofrecía la exposición inversa diaria a sus futuros perdió alrededor del 90% de su valor esa noche. Su emisor lo liquidó en cuestión de días.

Lo relevante aquí es que el folleto contemplaba ese desenlace de forma explícita: un movimiento diario suficientemente grande podía llevar el valor prácticamente a cero. El producto hizo lo que decía su documentación. La complejidad no ocultaba un fallo, ocultaba una lectura: quienes lo compraron habían visto años de rentabilidad excelente y nunca la dividieron entre el riesgo que la generaba.

El resto de Quant500

Lo que estás aprendiendo, aplicado al índice todos los días:

La cartera del modelo, cada semana en tu correo

Cada sábado, su semana en un minuto: cómo fue, lo mejor y lo peor, y qué directivos compraron con su dinero. Y el día que el modelo se rehace, qué entra y qué sale. Es una simulación, no un consejo. Como mucho un correo a la semana, sin publicidad y sin cuenta; te das de baja con un clic. Lo hace una persona: Pol Gracia.

Cartera modelo con resultados simulados, no una recomendación personalizada. Tu correo se usa solo para esto: privacidad.

Detrás de la Academia y del resto de Quant500 hay una sola persona: Pol Gracia Serrahima.