Quant500 Academy

1. Fondo, ETF o acciones sueltas: qué cambia de verdad

Costes 4: Fondos, ETFs y productos

Puedes comprar exactamente el mismo índice de tres maneras distintas, y la diferencia entre ellas no está en lo que compras sino en cómo se ejecuta la compra, cuándo se fija el precio que pagas y qué te permite hacer después. Ese "después" decide más dinero del que sugiere cualquier tabla de comisiones.

Dos envoltorios para la misma idea

Un fondo de inversión y un ETF son, en lo esencial, la misma figura jurídica: una institución de inversión colectiva que reúne el dinero de muchos partícipes, compra una cartera con él y divide la propiedad en participaciones. Lo que cambia es el canal por el que entras y por el que sales.

De esa diferencia de canal cuelga todo lo demás.

El precio único diario frente al precio continuo

El fondo tradicional se ejecuta a valor liquidativo: la gestora suma lo que valen todos los activos de la cartera al cierre, resta gastos y deudas, y divide entre el número de participaciones. Sale un único número al día, y todo el que ha dado orden esa jornada entra o sale por ese número, sin importar la hora. Además, ese precio se conoce después de haber ordenado: cuando pides suscribir, aún no sabes a cuánto vas a suscribir.

El ETF cotiza en continuo. Tienes un precio en pantalla en todo momento, puedes poner una orden limitada, ver la horquilla y decidir. A cambio, ese precio no es el valor liquidativo: es lo que otro inversor está dispuesto a pagarte, y la diferencia entre ambos es un coste que el nivel 2 ya trató como horquilla y deslizamiento. El módulo siguiente explica el mecanismo que impide que esa diferencia se descontrole.

La consecuencia es incómoda de asumir: para un inversor a largo plazo, la ejecución continua es más una tentación que una ventaja. Poder vender a las once y media de la mañana sirve a un operador y perjudica a casi todos los demás.

Mínimos de entrada y aportaciones periódicas

Un ETF se compra por unidades enteras, así que el mínimo teórico es el precio de una participación. El mínimo real, sin embargo, lo fija tu bróker: si cobra una comisión fija de, pongamos, tres o cinco euros por orden, aportar 100 euros al mes significa pagar entre un 3% y un 5% de entrada cada vez. El fondo tradicional trabaja con importes, no con unidades, y admite fracciones de participación; muchos aceptan aportaciones automáticas desde cantidades pequeñas sin comisión de suscripción. Para quien aporta poco y a menudo, esa asimetría suele pesar más que veinte puntos básicos de diferencia en el TER.

En sentido contrario, las clases institucionales de un fondo, las de comisión más baja, exigen a menudo importes de seis o siete cifras, y el minorista acaba en una clase más cara del mismo producto. Compara siempre la clase que puedes contratar de verdad.

Lo que cambia en España: el traspaso

En España existe una particularidad que a veces decide la elección entera. La normativa del IRPF permite pasar el dinero de un fondo de inversión a otro sin tributar por la ganancia acumulada: se difiere el impuesto hasta que finalmente reembolsas a cuenta corriente. Puedes cambiar de gestora, de estrategia o de índice sin que Hacienda intervenga por el camino.

Los ETFs quedaron excluidos de ese régimen de diferimiento a partir de 2022. Vender un ETF para comprar otro es una venta con todas sus consecuencias fiscales, aunque el dinero no salga del bróker.

Dos advertencias. Una: las normas fiscales cambian y dependen de tu situación personal; esto es información general, no asesoramiento fiscal. Otra: el diferimiento no es exención. No has ahorrado el impuesto, lo has aplazado, y mientras tanto ese dinero sigue trabajando dentro de la inversión.

Cuándo las acciones sueltas salen a cuenta

Construir tú mismo la cartera elimina la comisión de gestión, y eso no es poco. Pero solo compensa si se cumplen a la vez tres condiciones: que el número de posiciones sea manejable, que tu bróker no cobre por orden lo bastante como para comerse el ahorro, y que no necesites reequilibrar a menudo. Replicar un índice de 500 valores comprando 500 acciones es un ejercicio de aritmética contra ti mismo: cada dividendo hay que reinvertirlo, cada cambio de composición hay que ejecutarlo, y cada operación paga horquilla.

Las acciones sueltas tienen sentido cuando quieres exactamente eso: posiciones concretas por convicción, una cartera de diez o quince valores, un control fiscal fino sobre qué plusvalías afloras y cuándo. Dejan de tenerlo en cuanto tu objetivo es simplemente poseer un mercado entero.

Caso real: el fondo que nadie quiso comprar

El primer fondo indexado abierto al inversor particular fue el Vanguard First Index Investment Trust, lanzado por John Bogle en 1976 y luego rebautizado como Vanguard 500 Index Fund. Su colocación inicial aspiraba a captar unos 150 millones de dólares y se quedó cerca de los 11: menos de una décima parte del objetivo. En el sector se le llamó "la locura de Bogle". En aquel momento lo normal en Estados Unidos era pagar una comisión de entrada que podía llegar al 8,5% del importe invertido, de modo que quien ponía 10.000 dólares empezaba con 9.150 trabajando.

El primer fondo cotizado sobre el S&P 500 no llegó hasta 1993, diecisiete años más tarde. La indexación barata no nació con el ETF: nació con un fondo tradicional, y el ETF añadió sobre todo otra forma de entrar y salir.

Para ampliar esta lección

El resto de Quant500

Lo que estás aprendiendo, aplicado al índice todos los días:

La cartera del modelo, cada semana en tu correo

Cada sábado, su semana en un minuto: cómo fue, lo mejor y lo peor, y qué directivos compraron con su dinero. Y el día que el modelo se rehace, qué entra y qué sale. Es una simulación, no un consejo. Como mucho un correo a la semana, sin publicidad y sin cuenta; te das de baja con un clic. Lo hace una persona: Pol Gracia.

Cartera modelo con resultados simulados, no una recomendación personalizada. Tu correo se usa solo para esto: privacidad.

Detrás de la Academia y del resto de Quant500 hay una sola persona: Pol Gracia Serrahima.