2. Custodia, mantenimiento y el peaje anual
Costes 1: Lo que pagas y ves
La comisión de compraventa tiene una virtud pedagógica: duele en el momento y la ves. El coste del que trata este módulo es peor precisamente porque no duele. Se cobra en silencio, en importes pequeños, repartido a lo largo del año, y se sigue cobrando el año que no tocas la cartera, el año que te vas de viaje y el año que tu cartera pierde un 30%. Es el peaje por el mero hecho de tener valores.
Qué es la custodia y por qué existe
Tus acciones no están en un cajón. Existen como anotaciones en cuenta dentro de un sistema de registro: el depositario central de valores anota los saldos globales y tu intermediario mantiene el registro individual que dice qué parte de eso es tuya. Ese servicio, llamado custodia o administración y depósito de valores, cuesta dinero de verdad: infraestructura, conciliaciones diarias, gestión de dividendos, comunicación de operaciones societarias, obligaciones regulatorias.
El problema no es que se cobre. El problema es cómo se estructura la tarifa, porque casi siempre se combina un porcentaje pequeño con mínimos que no lo son.
El catálogo completo del peaje anual
Bajo el paraguas de "mantenimiento" caben varias comisiones distintas, y muchas carteras pagan varias a la vez:
- Custodia propiamente dicha: un porcentaje anual sobre el valor de mercado de la cartera, liquidado normalmente por trimestres, con un mínimo por valor o por cuenta.
- Mantenimiento de la cuenta de efectivo asociada, que en algunas entidades se cobra aparte.
- Cobro de dividendos y cupones: un porcentaje sobre el importe bruto abonado, también con mínimo por operación.
- Operaciones societarias: ampliaciones de capital, canjes, splits, primas de asistencia a juntas.
- Comisión de inactividad, en brókers que no cobran custodia pero penalizan no operar.
- Traspaso de valores a otra entidad, habitualmente un importe fijo por cada línea de la cartera.
La cuenta simple: qué es un 0,25% al año
Empecemos por la versión fácil, la que se resuelve con una multiplicación. Una custodia del 0,25% anual sobre una cartera de 50.000 euros son 125 euros al año. Dicho así parece asumible, y por eso funciona.
Ahora hazle dos preguntas al mismo número. La primera: ¿sobre qué se mide realmente? Si esa cartera rinde un 7% bruto, gana 3.500 euros al año, y los 125 euros son el 3,6% de tu ganancia, no el 0,25% de nada. La segunda: ¿qué pasa cuando la cartera crece? A los 200.000 euros, la misma tarifa cuesta 500 euros anuales por exactamente el mismo servicio, que no se ha vuelto cuatro veces mejor. El porcentaje sobre saldo es un socio que aumenta su participación cada vez que a ti te va bien.
El mínimo por valor: el detalle que triplica la tarifa
Aquí está la trampa de verdad, y merece un cálculo desarrollado. Supongamos una tarifa de 0,25% anual con un mínimo de 1,50 euros por valor y trimestre, que es una estructura perfectamente reconocible en la banca minorista europea.
Un inversor con 8.000 euros repartidos en diez acciones distintas hace las cuentas de la tarifa nominal: el 0,25% de 8.000 son 20 euros al año. Le parece bien. Lo que le cobran de verdad es otra cosa:
- Mínimo por valor y trimestre: 1,50 euros.
- Diez valores, cuatro trimestres: 1,50 x 10 x 4 = 60 euros al año.
- Coste efectivo: 60 sobre 8.000 es el 0,75% anual, tres veces la tarifa anunciada.
Y el mecanismo tiene una consecuencia perversa: el mínimo por línea penaliza la diversificación. Cuantas más empresas distintas tengas, más mínimos pagas. Un inversor con esos mismos 8.000 euros en una sola acción pagaría 20 euros al año, porque con una única línea manda el porcentaje: el 0,25% anual sobre 8.000 euros son 5 euros por trimestre, muy por encima del mínimo de 1,50. El que hace lo prudente y reparte paga 60, tres veces más.
Los dividendos también pagan peaje, y ahí el mínimo es demoledor
Sigamos con la misma cartera y añadamos una comisión de cobro de dividendos del 0,20% con un mínimo de 1 euro por abono. La tarifa nominal parece irrisoria. Ahora cuenta los abonos: ocho de esos valores reparten dividendo trimestral, lo que da 32 cobros al año. Cada uno paga el mínimo de 1 euro.
- Coste anual del cobro de dividendos: 32 euros.
- Renta bruta por dividendos de esa cartera, con una rentabilidad por dividendo del 3%: 240 euros.
- El peaje se lleva el 13,3% de toda tu renta por dividendos.
Si hubieras aplicado el 0,20% anunciado sobre esos 240 euros, habrías pagado 48 céntimos. Pagas 32 euros. La diferencia entre el número del folleto y el número real es de más de sesenta veces.
El total, y la puerta de salida
Sumemos lo que soporta esa cartera de 8.000 euros antes de comprar o vender absolutamente nada: 60 euros de custodia más 32 de dividendos son 92 euros anuales, el 1,15% del patrimonio. Es casi lo que cuesta el fondo activo minorista más barato del mercado europeo y siete veces lo que cuesta un fondo indexado, y a cambio no hay ninguna gestión: es solo el alquiler del sitio donde están tus acciones.
Falta el último detalle, que es el que convierte todo esto en una decisión y no en una queja: el traspaso de valores a otra entidad suele cobrarse por línea. A 15 euros por valor, mover diez posiciones cuesta 150 euros, casi el 2% de esa cartera. Es una barrera de salida, y funciona como tal: mucha gente calcula el coste de irse, le parece alto y se queda pagando 92 euros al año durante una década. Ese cálculo está mal planteado. Los 150 euros se pagan una vez; los 92 se pagan todos los años, subiendo con el saldo. La comparación correcta no es 150 contra 92, sino 150 contra la suma de todos los años que te queden por delante.